- Despierta, – dice una voz que retumba en tus oídos. Al principio, sus reverberaciones parecen lejanas, apagadas, pero de nuevo vuelves a escucharla, – despierta – esta vez más cerca, y más insistente.
La oscuridad deja paso a un matiz gris que cubre tus ojos, y poco a poco la claridad comienza a dibujar luces, colores y formas a medida que despiertas.
Te encuentras en la orilla de un río, una corriente de aguas cristalinas que discurren tranquilas entre los árboles. El cielo está oscuro, es extraño, pues parece una cálida noche de verano, y por el motivo que sea, eso te parece raro ¿no era invierno hace poco?
- ¿Dónde estoy? – te preguntas, sin esperar ninguna respuesta.
Por eso te sorprende encontrarte una respuesta esperando – Esto no es un lugar, ni siquiera un cuando, sino un sitio entre momentos, o un momento entre suspiros. Estas en el Bosque de los Deseos.
Quien así te habla es una mujer joven, delgada. Sus ojos parecen reflejar las estrellas del cielo nocturno, y brillan mientras de observa de arriba abajo. Va vestida con un largo vestido blanco, de gala, como si fuese a una fiesta, y su pelo rizado y corto deja ver unos largos pendientes de cristal de colores que casi caen sobre sus hombros a lo largo de su cuello.
- ¿Quién eres? – preguntas más confundido que intrigado.
- Desde luego, no una persona, como tú las concibes, claro, ni un sueño tampoco, aunque una vez lo fui. Soy un anhelo no alcanzado, una vana esperanza que alguien perdió hace tiempo, y que ahora vaga por este bosque, ayudando a otros, como tú, a alcanzar sus deseos. Porque como ya te he dicho, estás en el Bosque de los Deseos, te encuentras en el lugar más querido de esta Creación.
A medida que hablaba, abría sus brazos, mientras giraba, como bailando, y señalando los árboles que os rodeaban y en los que no habáis reparado hasta el momento. Sus troncos eran robustos, fuertes, y sus ramas cubrían, frondosas, el cielo más allá del claro donde te encuentras.
La risa de la mujer llenó el bosque y, como respondiendo a su alegría, la foresta comenzó a iluminarse. A lo lejos y suavemente al principio, pero poco a poco, todos los alrededores brillaban, iluminando cielo y suelo con el resplandor que emitía ¿los frutos de los árboles?
- Sí, las frutas del deseo. Estos árboles son los hijos del árbol del Pecado Original, – te explica la hermosa mujer – pero al contrario que su madre, cada uno de ellos está atado a una persona, y es, en esencia, infinitamente hermoso y bueno. Pues cada uno representa los deseos que esa persona tiene, y tendrá, a lo largo de su vida y más allá.
Miras las copas de los árboles, sin saber por qué, todo te parece muy natural, y ves las verdes copas salpicadas por docenas, en ocasiones cientos, de frutos luminiscentes de todas formas y amaños. A veces, resplandecen suavemente, de forma continua, otras brillan con una fuerza casi cegadora. Algunos comienzan a pagarse antes de empezar a brillar.
- Cada una de estas luces es un deseo, fortuito, persistente, caprichoso o dormido. Cada deseo, todavía insatisfecho, espera a ser logrado por quien lo siente, deseando ser conseguido, anhelando no ser olvidado, como yo. –Un atisbo de tristeza inundó su voz.
- Esto es un sueño ¿no? – le preguntas.
- No, ya te dije que no estás en un lugar, ni siquiera en un tiempo, quizás, se podría decir, estas en un sentimiento. Aquí es donde vienes cuando consigues un deseo, esto es lo que sientes cuando satisfaces un anhelo. Ven, te llevaré donde debes estar – le dijo mientras te indicaba que le siguiese y se internaba en el bosque, entre las luces.
Caminasteis un tiempo infinito en lo que pareció un suspiro, sus ojos y sus palabras te envolvían como las luces de los árboles.
- Hay otros bosques como este, bueno, no como este, pero sí hay otros bosques que son representaciones de sentimientos y sensaciones. El bosque de la Angustia es uno de los más terribles. A veces se lega a él desde aquí, a veces por otro camino. Yo pasé años en él, pero me parecieron siglos. Yo fui un deseo, el deseo más fuerte de alguien una vez.
Iluminé su vida durante años, brillando con fuerza en lo más alto de uno de esos árboles, pero nunca fui conseguido. No sé por qué, pero poco a poco el deseo se convirtió en angustia, y después en desesperación, y me convertí en objeto de celos, miedo.
Su voz sonaba triste, repleta de miedo. – Ese lugar está justo bajo este, pues la frontera que separa los deseos de la angustia es muy débil, y las raíces de esos árboles se mezclan con las ramas secas, grises y muertas de los árboles del bosque de la angustia.
Pasáis al lado de cientos de árboles y arbustos, cada uno único y singular en su forma, edad y deseos. Entre ellos, casi puedes ver formas que s acechan curiosas, pero se esfuman a la vista tan ponto como intentas fijarte en ellas.
- Son otros anhelos no cumplidos, como yo. Algunos nunca pasaron a ser angustias, simplemente dejaron de ser deseados, nunca satisfechos. Los menos, se convirtieron en algo terrible, mucho peor – casi parece que puedes ver cómo su cuerpo se estremece mientras llegáis al pie de una montaña – nunca sigas a nadie, nunca te adentres en el bosque sin mi guía, ni te separes de mí – dice – podrías perderte, o podrías caer víctima de las desesperación.
Ella comienza a ascender, y tú la sigues. La subida es larga, mientras tus uñas arañan la roca y sientes el tacto de a montaña tan real como la vida misma. De vez en cuando te vuelves para ver cómo el Bosque de los Deseos se extiende casi hasta el infinito en todas direcciones, brillando increíblemente hermoso con una miríada de colores, tonos y matices. – ¿Qué es aquello? – Señalas el único punto de oscuridad muy a lo lejos.
- Eso es un punto donde el Bosque de la Angustia brota con tanta fuerza que toma posesión de parte de los deseos. Creo que esa parte se llama, África, y en sus fronteras hay una guerra entre los guardianes del bosque y las criaturas terribles de la Angustia. Pero ven, ya hemos llegado, y no estamos aquí para eso.
En la cima de la montaña vez un llano, ocupado con un lago de aguas plateadas, y un árbol semejante a una encina que ilumina todo con su luz dorada.
- Buen viaje, te dice la mujer, espero que volvamos a vernos en otra ocasión, aunque no me recordarás.
Pero su voz suena muy lejos, y sólo el árbol ocupa toda tu mente. El árbol, y una de sus luces en concreto. Caminas vacilante, envuelto en su llamada, hacia él, y lo tomas entre tus manos. El deseo parece estar vivo, esperándote, y su tacto es cálido cuando lo tocas. Su luz se vuelve más y más brillante, y el recuerdo del Bosque, y de la mujer que una vez fue un anhelo, se van borrando de tu mente.
(Inspirado en parte en los relatos Ramadan y Stardust de Neil Gaiman)
En el primer gran reino que hubo en la tierra, había un rey sabio conocido como El Grande.
Su nombre se ha olvidado, a pesar de que gobernaba sobre todos los pueblos del mundo, y sobre las tierras y lo mares, sobre los pueblos del océano, y las tribus de las montañas, sobre los jinetes del desierto, y los reyes del bosque.
Reinaba sobre las criaturas de la Naturaleza, y éstas le obedecía, y sobre las pesadillas y los sueños.
Pero no era un rey feliz.
En su reinado había habido una gran paz y prosperidad, pero sabía que todo terminaría, y que el tiempo se llevaría todo lo que había construido.
Pasó noches completas de luna llena pensando una solución, mareas enteras sopesando opciones. Y nada parecía ser capaz de conseguir que todo lo que amaba durase para siempre.
Así que un día sin sol, abandonó el palacio.
Viajó con su mejor caballo tan rápido como el viento del desierto, recorrió playas remotas, investigó en cuevas profundas que tocaban el centro de la tierra, y llegó a la conclusión de que sólo en un lugar podría conseguir la respuesta a sus dudas, y la solución a sus temores.
Viajó hasta las Tierras del Ocaso, que separan la tierra de los vivos de la de los muertos, y las tierras del Sueño de las Fuentes de la Magia.
Caminó en círculos durante tres días y tres noches, hasta que encontró el muro que separaba su reino de su destino, Faeri, la tierra de las hadas.
En Faeri era día de mercado, el Mercado del Crepúsculo, y el rey comprendió porqué se llamaba así. Al mirar el cielo, pudo ver que lo que decían las leyendas era verdad, en esta tierra siempre es anochecer, un eterno anochecer de verano.
El Grande no se detuvo a contemplar la vista, ni los bosques, ni los puestos donde se vendían pieles de dragón, flores del atardecer o suspiros de doncella.
Su destino estaba un poco más allá, en el centro del mercado. Allí estaba la tienda de campaña de Seraphon, la primera hada.
La anciana mujer parecía estar esperándole, así que El Grande no se andó con rodeos, y planteó su problema.
– Sabia Seraphon, he viajado desde mis dominios para conocer la respuesta a la única pregunta que mi Gran Biblioteca no puede responder. ¿Cómo hacer duradero todo lo que ha creado mi pueblo?
Seraphon pensó un momento sin decir nada, y al cabo pareció encontrar una solución.
Caminó lentamente, apoyada en su bastón de madera rugosa de roble encantado, y se dirigió al interior de la tienda de campaña.
El Grande la siguió.
El interior era mucho más grande de lo que parecía desde fuera. Enormes alacenas polvorientas guardaban todos los objetos mágicos que el primer hada guardaba para intercambiar por otras cosas igual de maravillosas. Huevos mundanos, bellotas de plata, cerezas de rubí, corazones de hadas no nacidas.
El hada siguió caminando, seguida del sabio rey, y llegó al final de la tienda. Allí, apartó una cortina y entró en un espacio más pequeño.
– Sólo hay una respuesta a tu dilema, mi rey, y es que lo que has creado viva más allá de este mundo, más allá de este tiempo.
– Para ello debes hacer lo que nunca nadie ha hecho, debes darlo todo para que tu reino viva.
Al principio el rey no comprendió, pero el hada se lo explicó.
Tú ahora lo tienes todo, y para conservarlo, debes renunciar a ello. Mañana, al alba, deberás dejar de ser el monarca de todo lo que existe en tu tierra.
– Si he de hacerlo, hada, lo haré. Pero el mundo se dividirá, habrá guerras, y el hambre volverá, y la pena, el pesar y el sufrimiento harán presa de mis súbditos y seres queridos, para siempre.
– Durante un tiempo, sí, tal vez durante una era. Pero hay algo que puedes hacer para que tu reino vuelva a resurgir algún día. Debes regalar a tus cinco mejores amigos las cinco cosas más preciadas del universo. No puedes hacerlo a tus familiares, ni a la sangre de tu sangre, pues los lazos que les unen a ti son eternos. Y no pueden romperse.
Deber elegir cinco personas a las que quieras sin que sean familia tuya, ni tus mujeres o hijos. Ellos cinco serán los depositarios de tu sacrificio, y tu promesa, y su confianza será lo que haga que tus regalos sean eternos.
– ¿Cómo puedo conseguir esos cinco objetos si a partir de mañana ya no debo ser rey?
– Están aquí, en esta habitación. Pero debes comprarlas, pues en Faeri no deben aceptarse ni darse regalos sin recibir nada a cambio.
– No puedo darte nada, pues todo lo que tengo, mañana será libre.
– Sólo te queda una cosa, sabio rey.
El Grande asintió.
– Mi libertad.
Seraphon asintió solemne, y el rey del mundo aceptó.
– Noble hada, a partir de mañana seré tuyo, y tuya será mi libertad para el resto de la eternidad, si me dejáis elegir cinco objetos de esta tienda.
– Bien dicho, y trato hecho – dijo el hada. – Escoged bien, rey, pues deben de ser las cinco cosas más valiosas del universo. Aquí hay objetos por los que se pagarían mundos enteros, por los que se entregarían eternidades y amores verdaderos. Pero sólo hay cinco cosas capaces de salvaguardar el futuro del reino y de tu pueblo.
El rey paseó silencioso por las estanterías repletas de cosas increíbles, meditando, mesándose la perilla con una mano, y secándose el sudor de la frente con la otra.
Pasaron las horas, que parecieron días, años, eternidades, y al fin, el rey pareció decidido.
Sin decir nada, El Grande cogió cinco objetos y lo puso sobre la mesa de madera que ocupaba el centro de la habitación.
Sobre ella, descansaban ahora un pequeño árbol enano, con frutos de mil colores que parecían gemas minúsculas, una esfera de cristal cuyo interior era completamente negro, un anillo de plata roto, una pequeña bolsa llena de polvo dorado y un reloj de bolsillo estropeado.
El hada se acercó intrigada, y preguntó al rey porqué había cogido eso precisamente.
Éste dijo, – cinco regalos para cinco amigos, dijiste, y yo les regalaré esto, y lo pagaré con mi libertad.
El rey se inclinó sobre la esfera de cristal oscura y miró en su interior. Al principio parecía todo negro, pero poco a poco una miríada de luces llenó la oscuridad, surgidas de la nada.
– A Mayte, la Cazadora, le regalaré las estrellas, y los mundos que giran alrededor de ellas, para que pueda ver todo el universo, y las maravillas que nos guarda. Para que pueda vivir cosas que nunca le permitan olvidar lo intensa y maravillosa que es la vida.
La anciana hada asintió. El Grande cogió el anillo roto, y se lo mostró.
– Para Jose, le doy este anillo, que es la libertad. Le libero de ataduras y será libre para ser como quiera, sin que nadie se entrometa en su vida. Le doy, la anarquía.
– Para Raquel, la liberada, – continuó- , le entrego la eternidad – dijo mientras alzaba el reloj parado. – Le regalaré todo el tiempo del mundo, la muerte de la Muerte, para que pueda vivir su vida sin temor para siempre.
El Grande sostuvo el reloj ceremoniosamente en sus manos y lo depositó con cuidado sobre la superficie de la mesa.
– A Fernando, Bravo en la Paz, – dijo tomando la bolsa con polvo dorado – , le doy la magia, para que los hombres puedan soñar, dormidos o despiertos, y puedan ver mundos más allá de éste.
– ¿Y el árbol de gemas? – inquirió el hada.
– El árbol, – respondió – representa la Naturaleza, la vida. Animales y plantas que enriquecen el mundo y lo hacen valioso. Pues a pesar de toda la belleza del universo, sólo la vida le da sentido.
El rey suspiró.
- Pero no tengo a quien regalárselo. Pues no tengo más amigos.
Seraphon se acercó y dijo – cinco regalos para cinco amigos. Deberás buscar alguien a quien entregar el último regalo. Hasta entonces, el destino de tu pueblo será incierto.
El Rey asintió, y sin decir más, partió en busca de alguien a quien entregar el regalo, antes de pagar con su libertad los cinco regalos que salvarían su reino y a su pueblo.
Sé que ninguno me creeréis, pero no importa. Lo que voy a contaros a continuación es algo que no es fácil de entender, y que muy pocos de vosotros comprenderéis.
Se trata de un árbol, un árbol muy especial que vivía detrás de mi casa, con sus ramas tocando las ventanas, agitadas por el viento y llamando mi atención en las noches de otoño.
Es un árbol mágico, porque es el árbol de los cuentos.
No sé a qué especie pertenecía, no creo que perteneciese a ninguna. Era único.
Lo que le hacía tan especial, tan mágico, era que, en las cálidas noches de verano, las tormentosas tardes de otoño, y las frías mañanas de invierno, el árbol nos contaba cuentos.
Eran cuentos únicos, especiales, que despertaron en mí el amor por las historias. Las buenas historias. Gracias a él mi hermano y yo encontramos el amor por la lectura, siempre buscando más. Siempre encontrando buenos cuentos que contarle al árbol, una especie de pago por todas las historias que el viento y sus hojas nos habían traído.
Como la del dragón enamorado de la luna, la del barco hundido que volvía una vez cada cien años a surcar los mares, libre por una noche de su prisión de agua, o la del tesoro que se guarda dentro de un ánfora en el Museo Arqueológico. Un tesoro que nadie puede ver, pero que puede olerse.
Cuentos que evocaron en nuestra febril imaginación historias que siempre recordaré, algunas de ellas parte ya de mí. Y que nunca me abandonarán.
Crecimos con él, y no pudimos salvarle.
Ahora, el árbol ya no está físicamente, lo talaron para construir un aparcamiento. Todavía siento su presencia llamándome a intentar impedir que segasen su vida, y sus cuentos.
No pude hacerlo, y el fracaso me perseguirá toda la vida. Aún echo de menos los cuentos que, gracias al viento, me llegaban desde ese solitario árbol.
Está cerca de ninguna parte, pero al tiempo toca todos los mundos de la creación. No hay forma de llegar a él por ningún camino, pero tampoco podemos eludir pertenecer a ese lugar mágico, increíble y vasto que es La Biblioteca de los Mundos.
Pero antes de conocer este lugar tenemos que comprender que el Cosmos es, muy vasto, inmenso hasta superar cualquier imaginación nacida o no.
Un universo tras otro, y mundo tras otro, un multiverso que sigue a otros muchos lo conforman, y todas las criaturas que formamos la creación, y muchas que no, forman arte de él, y lo conforman.
El aire en la Biblioteca de los Mundos es viejo, se mete dentro de quien lo respira, y le llena de recuerdos antiguos que no le pertenecen a él, sino a seres mucho más viejos. Los olores penetran en cada poro, llegando a nuestros sistemas nerviosos y tocando aquellas fibras sensibles que sacan a flor de piel sentimientos y sensaciones como una marea imparable que toma el control del visitante. Y el tacto de sus gastadas y antiguas estanterías hace que un escalofrío recorra nuestra espina dorsal.
Caminando por un oscuro pasillo llegamos hasta la Biblioteca, sin saber cómo, sin comprender el camino que hemos seguido, ni saber en qué lugar nos encontramos.
Una tenue luz amarilla ilumina nuestro paso, y al tiempo, las estanterías que componen la Biblioteca. Lo que sobre ellas podemos contemplar no es un libro, sino una delicada esfera brillante. Sola, en la oscuridad, parece iluminarse cuando fijamos nuestra vista en ella.
Nos acercamos, y al hacerlo, un pequeño pulso luminoso comienza a parpadear con una luz rojiza. En el interior de la esfera traslúcida, una miríada de luces brillan con cada pulsación, y se agitan y arremolinan como un banco de peces brillantes y resplandecientes.
Al acercar la vista más hacia su superficie, podemos ver que lo que hay dentro de la esfera no es una simple luz, sino un conjunto de mundos, que ejecutan una danza infinita alrededor de sus estrellas madres. Y estas sumergidas en el vacío negro de la materia y la nada, forman espirales y elipses de una belleza que no se puede describir con palabras. Y cómo estas espirales se unen en colosales formas de tamaño inabarcable.
Dentro de la esfera está todo el Universo.
La mayoría de nosotros retrocedemos la primera vez que lo vemos, asombrados y anonadados, incapaces de comprender la vastedad de lo que contemplamos, o de asimilar lo que sus mentes no pueden abarcar.
Entonces contemplamos todo el conjunto, y una a una, todas las estanterías comienzan a brillar con miles de luces y cientos, miles, decenas de miles de esferas comienzan a pulsar, mostrando sus universos particulares como joyas de incalculable valor.
Una tras otra, tras otra, tras otra, se unen todas en un cántico universal, en un coro sin sonido que toca nuestras almas y nuestras mentes, mientras se muestra ante nosotros.
Desde luego, si pudiésemos ascender sobre las estanterías, nuestra sorpresa sería mucho mayor al contemplar que tras esa estantería se encuentra otra, y tras esta otra, y así hasta donde alcanza la vista.
Todas ellas brillando con luces repletas de magia y cargadas de simbolismo. Todas ellas, sumergidas en la oscuridad, iluminándola, uniéndose a la sinfonía sin fin, hasta donde alcanza la vista.
Y una voz, más antigua que los dioses y más vieja que la eternidad nos habla. Nos cuenta de que lo que vemos es sólo uno de muchos cosmos, conformado por múltiples multiversos. Y comprendemos que en otros lugares, esta biblioteca no es tal, sino un árbol, de frutos infinitos, rojos, azules o negros. O una fuente que esparce sus gotas de agua y dentro de cada una de ellas vive un mundo, uniéndose a otros en un fluir eterno. O una mina oscura, donde gemas engastadas guardan los secretos del multiverso. O un libro, en cuyos renglones habita la magia de la creación, o una tormenta de nieve donde los copos nunca cesan de extinguirse, ni de crearse.
Y entonces, despertamos, sin saber si esto ha sido un sueño, o una visita a algo que nunca comprenderemos realmente hasta que estemos preparados para saber la verdad.
guerrerosdesingularidad dijo:
Julio 11, 2007 a 2:59 pm
El Bosque de los Deseos
- Despierta, – dice una voz que retumba en tus oídos. Al principio, sus reverberaciones parecen lejanas, apagadas, pero de nuevo vuelves a escucharla, – despierta – esta vez más cerca, y más insistente.
La oscuridad deja paso a un matiz gris que cubre tus ojos, y poco a poco la claridad comienza a dibujar luces, colores y formas a medida que despiertas.
Te encuentras en la orilla de un río, una corriente de aguas cristalinas que discurren tranquilas entre los árboles. El cielo está oscuro, es extraño, pues parece una cálida noche de verano, y por el motivo que sea, eso te parece raro ¿no era invierno hace poco?
- ¿Dónde estoy? – te preguntas, sin esperar ninguna respuesta.
Por eso te sorprende encontrarte una respuesta esperando – Esto no es un lugar, ni siquiera un cuando, sino un sitio entre momentos, o un momento entre suspiros. Estas en el Bosque de los Deseos.
Quien así te habla es una mujer joven, delgada. Sus ojos parecen reflejar las estrellas del cielo nocturno, y brillan mientras de observa de arriba abajo. Va vestida con un largo vestido blanco, de gala, como si fuese a una fiesta, y su pelo rizado y corto deja ver unos largos pendientes de cristal de colores que casi caen sobre sus hombros a lo largo de su cuello.
- ¿Quién eres? – preguntas más confundido que intrigado.
- Desde luego, no una persona, como tú las concibes, claro, ni un sueño tampoco, aunque una vez lo fui. Soy un anhelo no alcanzado, una vana esperanza que alguien perdió hace tiempo, y que ahora vaga por este bosque, ayudando a otros, como tú, a alcanzar sus deseos. Porque como ya te he dicho, estás en el Bosque de los Deseos, te encuentras en el lugar más querido de esta Creación.
A medida que hablaba, abría sus brazos, mientras giraba, como bailando, y señalando los árboles que os rodeaban y en los que no habáis reparado hasta el momento. Sus troncos eran robustos, fuertes, y sus ramas cubrían, frondosas, el cielo más allá del claro donde te encuentras.
La risa de la mujer llenó el bosque y, como respondiendo a su alegría, la foresta comenzó a iluminarse. A lo lejos y suavemente al principio, pero poco a poco, todos los alrededores brillaban, iluminando cielo y suelo con el resplandor que emitía ¿los frutos de los árboles?
- Sí, las frutas del deseo. Estos árboles son los hijos del árbol del Pecado Original, – te explica la hermosa mujer – pero al contrario que su madre, cada uno de ellos está atado a una persona, y es, en esencia, infinitamente hermoso y bueno. Pues cada uno representa los deseos que esa persona tiene, y tendrá, a lo largo de su vida y más allá.
Miras las copas de los árboles, sin saber por qué, todo te parece muy natural, y ves las verdes copas salpicadas por docenas, en ocasiones cientos, de frutos luminiscentes de todas formas y amaños. A veces, resplandecen suavemente, de forma continua, otras brillan con una fuerza casi cegadora. Algunos comienzan a pagarse antes de empezar a brillar.
- Cada una de estas luces es un deseo, fortuito, persistente, caprichoso o dormido. Cada deseo, todavía insatisfecho, espera a ser logrado por quien lo siente, deseando ser conseguido, anhelando no ser olvidado, como yo. –Un atisbo de tristeza inundó su voz.
- Esto es un sueño ¿no? – le preguntas.
- No, ya te dije que no estás en un lugar, ni siquiera en un tiempo, quizás, se podría decir, estas en un sentimiento. Aquí es donde vienes cuando consigues un deseo, esto es lo que sientes cuando satisfaces un anhelo. Ven, te llevaré donde debes estar – le dijo mientras te indicaba que le siguiese y se internaba en el bosque, entre las luces.
Caminasteis un tiempo infinito en lo que pareció un suspiro, sus ojos y sus palabras te envolvían como las luces de los árboles.
- Hay otros bosques como este, bueno, no como este, pero sí hay otros bosques que son representaciones de sentimientos y sensaciones. El bosque de la Angustia es uno de los más terribles. A veces se lega a él desde aquí, a veces por otro camino. Yo pasé años en él, pero me parecieron siglos. Yo fui un deseo, el deseo más fuerte de alguien una vez.
Iluminé su vida durante años, brillando con fuerza en lo más alto de uno de esos árboles, pero nunca fui conseguido. No sé por qué, pero poco a poco el deseo se convirtió en angustia, y después en desesperación, y me convertí en objeto de celos, miedo.
Su voz sonaba triste, repleta de miedo. – Ese lugar está justo bajo este, pues la frontera que separa los deseos de la angustia es muy débil, y las raíces de esos árboles se mezclan con las ramas secas, grises y muertas de los árboles del bosque de la angustia.
Pasáis al lado de cientos de árboles y arbustos, cada uno único y singular en su forma, edad y deseos. Entre ellos, casi puedes ver formas que s acechan curiosas, pero se esfuman a la vista tan ponto como intentas fijarte en ellas.
- Son otros anhelos no cumplidos, como yo. Algunos nunca pasaron a ser angustias, simplemente dejaron de ser deseados, nunca satisfechos. Los menos, se convirtieron en algo terrible, mucho peor – casi parece que puedes ver cómo su cuerpo se estremece mientras llegáis al pie de una montaña – nunca sigas a nadie, nunca te adentres en el bosque sin mi guía, ni te separes de mí – dice – podrías perderte, o podrías caer víctima de las desesperación.
Ella comienza a ascender, y tú la sigues. La subida es larga, mientras tus uñas arañan la roca y sientes el tacto de a montaña tan real como la vida misma. De vez en cuando te vuelves para ver cómo el Bosque de los Deseos se extiende casi hasta el infinito en todas direcciones, brillando increíblemente hermoso con una miríada de colores, tonos y matices. – ¿Qué es aquello? – Señalas el único punto de oscuridad muy a lo lejos.
- Eso es un punto donde el Bosque de la Angustia brota con tanta fuerza que toma posesión de parte de los deseos. Creo que esa parte se llama, África, y en sus fronteras hay una guerra entre los guardianes del bosque y las criaturas terribles de la Angustia. Pero ven, ya hemos llegado, y no estamos aquí para eso.
En la cima de la montaña vez un llano, ocupado con un lago de aguas plateadas, y un árbol semejante a una encina que ilumina todo con su luz dorada.
- Buen viaje, te dice la mujer, espero que volvamos a vernos en otra ocasión, aunque no me recordarás.
Pero su voz suena muy lejos, y sólo el árbol ocupa toda tu mente. El árbol, y una de sus luces en concreto. Caminas vacilante, envuelto en su llamada, hacia él, y lo tomas entre tus manos. El deseo parece estar vivo, esperándote, y su tacto es cálido cuando lo tocas. Su luz se vuelve más y más brillante, y el recuerdo del Bosque, y de la mujer que una vez fue un anhelo, se van borrando de tu mente.
guerrerosdesingularidad dijo:
Julio 11, 2007 a 3:05 pm
Los cinco regalos
(Inspirado en parte en los relatos Ramadan y Stardust de Neil Gaiman)
En el primer gran reino que hubo en la tierra, había un rey sabio conocido como El Grande.
Su nombre se ha olvidado, a pesar de que gobernaba sobre todos los pueblos del mundo, y sobre las tierras y lo mares, sobre los pueblos del océano, y las tribus de las montañas, sobre los jinetes del desierto, y los reyes del bosque.
Reinaba sobre las criaturas de la Naturaleza, y éstas le obedecía, y sobre las pesadillas y los sueños.
Pero no era un rey feliz.
En su reinado había habido una gran paz y prosperidad, pero sabía que todo terminaría, y que el tiempo se llevaría todo lo que había construido.
Pasó noches completas de luna llena pensando una solución, mareas enteras sopesando opciones. Y nada parecía ser capaz de conseguir que todo lo que amaba durase para siempre.
Así que un día sin sol, abandonó el palacio.
Viajó con su mejor caballo tan rápido como el viento del desierto, recorrió playas remotas, investigó en cuevas profundas que tocaban el centro de la tierra, y llegó a la conclusión de que sólo en un lugar podría conseguir la respuesta a sus dudas, y la solución a sus temores.
Viajó hasta las Tierras del Ocaso, que separan la tierra de los vivos de la de los muertos, y las tierras del Sueño de las Fuentes de la Magia.
Caminó en círculos durante tres días y tres noches, hasta que encontró el muro que separaba su reino de su destino, Faeri, la tierra de las hadas.
En Faeri era día de mercado, el Mercado del Crepúsculo, y el rey comprendió porqué se llamaba así. Al mirar el cielo, pudo ver que lo que decían las leyendas era verdad, en esta tierra siempre es anochecer, un eterno anochecer de verano.
El Grande no se detuvo a contemplar la vista, ni los bosques, ni los puestos donde se vendían pieles de dragón, flores del atardecer o suspiros de doncella.
Su destino estaba un poco más allá, en el centro del mercado. Allí estaba la tienda de campaña de Seraphon, la primera hada.
La anciana mujer parecía estar esperándole, así que El Grande no se andó con rodeos, y planteó su problema.
– Sabia Seraphon, he viajado desde mis dominios para conocer la respuesta a la única pregunta que mi Gran Biblioteca no puede responder. ¿Cómo hacer duradero todo lo que ha creado mi pueblo?
Seraphon pensó un momento sin decir nada, y al cabo pareció encontrar una solución.
Caminó lentamente, apoyada en su bastón de madera rugosa de roble encantado, y se dirigió al interior de la tienda de campaña.
El Grande la siguió.
El interior era mucho más grande de lo que parecía desde fuera. Enormes alacenas polvorientas guardaban todos los objetos mágicos que el primer hada guardaba para intercambiar por otras cosas igual de maravillosas. Huevos mundanos, bellotas de plata, cerezas de rubí, corazones de hadas no nacidas.
El hada siguió caminando, seguida del sabio rey, y llegó al final de la tienda. Allí, apartó una cortina y entró en un espacio más pequeño.
– Sólo hay una respuesta a tu dilema, mi rey, y es que lo que has creado viva más allá de este mundo, más allá de este tiempo.
– ¿Y cómo puedo conseguirlo bella Seraphon? – respondió El Grande.
– Para ello debes hacer lo que nunca nadie ha hecho, debes darlo todo para que tu reino viva.
Al principio el rey no comprendió, pero el hada se lo explicó.
Tú ahora lo tienes todo, y para conservarlo, debes renunciar a ello. Mañana, al alba, deberás dejar de ser el monarca de todo lo que existe en tu tierra.
– Si he de hacerlo, hada, lo haré. Pero el mundo se dividirá, habrá guerras, y el hambre volverá, y la pena, el pesar y el sufrimiento harán presa de mis súbditos y seres queridos, para siempre.
– Durante un tiempo, sí, tal vez durante una era. Pero hay algo que puedes hacer para que tu reino vuelva a resurgir algún día. Debes regalar a tus cinco mejores amigos las cinco cosas más preciadas del universo. No puedes hacerlo a tus familiares, ni a la sangre de tu sangre, pues los lazos que les unen a ti son eternos. Y no pueden romperse.
Deber elegir cinco personas a las que quieras sin que sean familia tuya, ni tus mujeres o hijos. Ellos cinco serán los depositarios de tu sacrificio, y tu promesa, y su confianza será lo que haga que tus regalos sean eternos.
– ¿Cómo puedo conseguir esos cinco objetos si a partir de mañana ya no debo ser rey?
– Están aquí, en esta habitación. Pero debes comprarlas, pues en Faeri no deben aceptarse ni darse regalos sin recibir nada a cambio.
– No puedo darte nada, pues todo lo que tengo, mañana será libre.
– Sólo te queda una cosa, sabio rey.
El Grande asintió.
– Mi libertad.
Seraphon asintió solemne, y el rey del mundo aceptó.
– Noble hada, a partir de mañana seré tuyo, y tuya será mi libertad para el resto de la eternidad, si me dejáis elegir cinco objetos de esta tienda.
– Bien dicho, y trato hecho – dijo el hada. – Escoged bien, rey, pues deben de ser las cinco cosas más valiosas del universo. Aquí hay objetos por los que se pagarían mundos enteros, por los que se entregarían eternidades y amores verdaderos. Pero sólo hay cinco cosas capaces de salvaguardar el futuro del reino y de tu pueblo.
El rey paseó silencioso por las estanterías repletas de cosas increíbles, meditando, mesándose la perilla con una mano, y secándose el sudor de la frente con la otra.
Pasaron las horas, que parecieron días, años, eternidades, y al fin, el rey pareció decidido.
Sin decir nada, El Grande cogió cinco objetos y lo puso sobre la mesa de madera que ocupaba el centro de la habitación.
Sobre ella, descansaban ahora un pequeño árbol enano, con frutos de mil colores que parecían gemas minúsculas, una esfera de cristal cuyo interior era completamente negro, un anillo de plata roto, una pequeña bolsa llena de polvo dorado y un reloj de bolsillo estropeado.
El hada se acercó intrigada, y preguntó al rey porqué había cogido eso precisamente.
Éste dijo, – cinco regalos para cinco amigos, dijiste, y yo les regalaré esto, y lo pagaré con mi libertad.
El rey se inclinó sobre la esfera de cristal oscura y miró en su interior. Al principio parecía todo negro, pero poco a poco una miríada de luces llenó la oscuridad, surgidas de la nada.
– A Mayte, la Cazadora, le regalaré las estrellas, y los mundos que giran alrededor de ellas, para que pueda ver todo el universo, y las maravillas que nos guarda. Para que pueda vivir cosas que nunca le permitan olvidar lo intensa y maravillosa que es la vida.
La anciana hada asintió. El Grande cogió el anillo roto, y se lo mostró.
– Para Jose, le doy este anillo, que es la libertad. Le libero de ataduras y será libre para ser como quiera, sin que nadie se entrometa en su vida. Le doy, la anarquía.
– Para Raquel, la liberada, – continuó- , le entrego la eternidad – dijo mientras alzaba el reloj parado. – Le regalaré todo el tiempo del mundo, la muerte de la Muerte, para que pueda vivir su vida sin temor para siempre.
El Grande sostuvo el reloj ceremoniosamente en sus manos y lo depositó con cuidado sobre la superficie de la mesa.
– A Fernando, Bravo en la Paz, – dijo tomando la bolsa con polvo dorado – , le doy la magia, para que los hombres puedan soñar, dormidos o despiertos, y puedan ver mundos más allá de éste.
– ¿Y el árbol de gemas? – inquirió el hada.
– El árbol, – respondió – representa la Naturaleza, la vida. Animales y plantas que enriquecen el mundo y lo hacen valioso. Pues a pesar de toda la belleza del universo, sólo la vida le da sentido.
El rey suspiró.
- Pero no tengo a quien regalárselo. Pues no tengo más amigos.
Seraphon se acercó y dijo – cinco regalos para cinco amigos. Deberás buscar alguien a quien entregar el último regalo. Hasta entonces, el destino de tu pueblo será incierto.
El Rey asintió, y sin decir más, partió en busca de alguien a quien entregar el regalo, antes de pagar con su libertad los cinco regalos que salvarían su reino y a su pueblo.
guerrerosdesingularidad dijo:
Julio 11, 2007 a 3:11 pm
El árbol de los cuentos
Sé que ninguno me creeréis, pero no importa. Lo que voy a contaros a continuación es algo que no es fácil de entender, y que muy pocos de vosotros comprenderéis.
Se trata de un árbol, un árbol muy especial que vivía detrás de mi casa, con sus ramas tocando las ventanas, agitadas por el viento y llamando mi atención en las noches de otoño.
Es un árbol mágico, porque es el árbol de los cuentos.
No sé a qué especie pertenecía, no creo que perteneciese a ninguna. Era único.
Lo que le hacía tan especial, tan mágico, era que, en las cálidas noches de verano, las tormentosas tardes de otoño, y las frías mañanas de invierno, el árbol nos contaba cuentos.
Eran cuentos únicos, especiales, que despertaron en mí el amor por las historias. Las buenas historias. Gracias a él mi hermano y yo encontramos el amor por la lectura, siempre buscando más. Siempre encontrando buenos cuentos que contarle al árbol, una especie de pago por todas las historias que el viento y sus hojas nos habían traído.
Como la del dragón enamorado de la luna, la del barco hundido que volvía una vez cada cien años a surcar los mares, libre por una noche de su prisión de agua, o la del tesoro que se guarda dentro de un ánfora en el Museo Arqueológico. Un tesoro que nadie puede ver, pero que puede olerse.
Cuentos que evocaron en nuestra febril imaginación historias que siempre recordaré, algunas de ellas parte ya de mí. Y que nunca me abandonarán.
Crecimos con él, y no pudimos salvarle.
Ahora, el árbol ya no está físicamente, lo talaron para construir un aparcamiento. Todavía siento su presencia llamándome a intentar impedir que segasen su vida, y sus cuentos.
No pude hacerlo, y el fracaso me perseguirá toda la vida. Aún echo de menos los cuentos que, gracias al viento, me llegaban desde ese solitario árbol.
guerrerosdesingularidad dijo:
Julio 11, 2007 a 3:15 pm
Biblioteca de los mundos
Está cerca de ninguna parte, pero al tiempo toca todos los mundos de la creación. No hay forma de llegar a él por ningún camino, pero tampoco podemos eludir pertenecer a ese lugar mágico, increíble y vasto que es La Biblioteca de los Mundos.
Pero antes de conocer este lugar tenemos que comprender que el Cosmos es, muy vasto, inmenso hasta superar cualquier imaginación nacida o no.
Un universo tras otro, y mundo tras otro, un multiverso que sigue a otros muchos lo conforman, y todas las criaturas que formamos la creación, y muchas que no, forman arte de él, y lo conforman.
El aire en la Biblioteca de los Mundos es viejo, se mete dentro de quien lo respira, y le llena de recuerdos antiguos que no le pertenecen a él, sino a seres mucho más viejos. Los olores penetran en cada poro, llegando a nuestros sistemas nerviosos y tocando aquellas fibras sensibles que sacan a flor de piel sentimientos y sensaciones como una marea imparable que toma el control del visitante. Y el tacto de sus gastadas y antiguas estanterías hace que un escalofrío recorra nuestra espina dorsal.
Caminando por un oscuro pasillo llegamos hasta la Biblioteca, sin saber cómo, sin comprender el camino que hemos seguido, ni saber en qué lugar nos encontramos.
Una tenue luz amarilla ilumina nuestro paso, y al tiempo, las estanterías que componen la Biblioteca. Lo que sobre ellas podemos contemplar no es un libro, sino una delicada esfera brillante. Sola, en la oscuridad, parece iluminarse cuando fijamos nuestra vista en ella.
Nos acercamos, y al hacerlo, un pequeño pulso luminoso comienza a parpadear con una luz rojiza. En el interior de la esfera traslúcida, una miríada de luces brillan con cada pulsación, y se agitan y arremolinan como un banco de peces brillantes y resplandecientes.
Al acercar la vista más hacia su superficie, podemos ver que lo que hay dentro de la esfera no es una simple luz, sino un conjunto de mundos, que ejecutan una danza infinita alrededor de sus estrellas madres. Y estas sumergidas en el vacío negro de la materia y la nada, forman espirales y elipses de una belleza que no se puede describir con palabras. Y cómo estas espirales se unen en colosales formas de tamaño inabarcable.
Dentro de la esfera está todo el Universo.
La mayoría de nosotros retrocedemos la primera vez que lo vemos, asombrados y anonadados, incapaces de comprender la vastedad de lo que contemplamos, o de asimilar lo que sus mentes no pueden abarcar.
Entonces contemplamos todo el conjunto, y una a una, todas las estanterías comienzan a brillar con miles de luces y cientos, miles, decenas de miles de esferas comienzan a pulsar, mostrando sus universos particulares como joyas de incalculable valor.
Una tras otra, tras otra, tras otra, se unen todas en un cántico universal, en un coro sin sonido que toca nuestras almas y nuestras mentes, mientras se muestra ante nosotros.
Desde luego, si pudiésemos ascender sobre las estanterías, nuestra sorpresa sería mucho mayor al contemplar que tras esa estantería se encuentra otra, y tras esta otra, y así hasta donde alcanza la vista.
Todas ellas brillando con luces repletas de magia y cargadas de simbolismo. Todas ellas, sumergidas en la oscuridad, iluminándola, uniéndose a la sinfonía sin fin, hasta donde alcanza la vista.
Y una voz, más antigua que los dioses y más vieja que la eternidad nos habla. Nos cuenta de que lo que vemos es sólo uno de muchos cosmos, conformado por múltiples multiversos. Y comprendemos que en otros lugares, esta biblioteca no es tal, sino un árbol, de frutos infinitos, rojos, azules o negros. O una fuente que esparce sus gotas de agua y dentro de cada una de ellas vive un mundo, uniéndose a otros en un fluir eterno. O una mina oscura, donde gemas engastadas guardan los secretos del multiverso. O un libro, en cuyos renglones habita la magia de la creación, o una tormenta de nieve donde los copos nunca cesan de extinguirse, ni de crearse.
Y entonces, despertamos, sin saber si esto ha sido un sueño, o una visita a algo que nunca comprenderemos realmente hasta que estemos preparados para saber la verdad.
guerrerosdesingularidad dijo:
Julio 13, 2007 a 6:10 am
Esto es lo que dice la Wikipedia de el Cerro de los Ángeleles
http://es.wikipedia.org/wiki/Cerro_de_los_%C3%81ngeles