Rosa Negra

julio 11, 2007 at 2:44 pm (Sueños)

Rosa Negra

El ruido rítmico de las tijeras de podar rompía la paz de la tarde primaveral. Aquí y allí las ramas más débiles de los arbustos caían bajo la diestra mano de su cuidador, con el fin de dejar espacio para que otras más jóvenes y fuertes surgiesen en su lugar y ocupasen el sitio que les correspondía por herencia. Era el ritmo de la vida. Cada estación se sucedía, y los hombres, lo más que podían hacer eran pequeños arreglos en el gran esquema de las cosas que había dispuesto el Señor.

Fraimundo se detuvo un momento en su labor diaria. Alzando la cabeza hacia el sol que se ponía sobre la Biblioteca en el lado Oeste del Monasterio, se secó el sudor de su frente con la manga del hábito gris.

El astro rey se ocultaba en ese momento, pero todavía quedaba tarde por delante, antes de que la noche cayese sobre el Cerro de los Ángeles y llamasen a la cena de la congregación. Fraimundo no sentía especial atracción por la comida, por lo que no caer en el pecado de la gula no le suponía ningún esfuerzo extra.

El descanso duró poco, el tiempo suficiente para contemplar las anaranjadas nubes del horizonte iluminadas por las últimas líneas del sol, y para sentir un poco el viento primaveral sobre el rostro.

Con ánimos refrescados, Fraimundo retomó su labor, sin embargo, no pudo continuar donde lo había dejado. Allí, bajo la luz dorada de la tarde que caía, una hermosa rosa de color negro se erguía, hermosa y altiva entre los matorrales.

Su lánguido y estilizado tallo surgía directamente de la tierra que días antes Fraimundo había abonado con sus propias manos, y su belleza hizo que inmediatamente se arrodillase dejando las tijeras en el suelo a su lado, para contemplarla más de cerca. A su alrededor, el resto de los seres vivos parecían gravitar en torno suyo, enmarcándola como un cortejo vegetal que estaba adorando a su nueva reina.

Sus pétalos eran increíblemente hermosos, de un negro azabache como él no había visto nunca. La luz que la iluminaba los hacía brillar, oscuros, confiriendo al capullo que se acababa de abrir un aspecto único como si toda la flor hubiese estado tallada en mármol negro u obsidiana.

Tal era la sobrenatural hermosura de la rosa negra que Fraimundo perdió la noción del tiempo especulando cual era su origen, admirando la sobrenatural magnificencia de algo tan sencillo y a la vez imposible. Tuvieron que ser las campanas que llamaban a la cena las que consiguieran sacarle de sus pensamientos y arrebatarle del lado de la flor.

Su primer impulso fue cortar la rosa para llevársela en ofrenda a la Virgen del Cerro, pero se arrepintió enseguida. Una belleza única como esa no debía segarla la mano de ningún hombre, si Dios la había puesto ahí.

Durante la cena reinaba el optimismo y el buen humor. Al parecer, el nuevo Obispo iba a hacer una visita próximamente al monasterio, y para celebrarlo, se sirvió algo de vino y bollo recién hecho en lugar del pan y el agua que acostumbraban a acompañar las cenas.

Desde un púlpito, uno de sus hermanos rezaba en voz alta las oraciones nocturnas, imbuyendo el comedor del espíritu sagrado que tal ocasión necesitaba.

Esa misma noche, después de la cena y los rezos, regresó a su habitación. En la soledad de la celda, los dos novicios acostados en sus catres se habían hecho amigos. Fernando era mucho más alegre que él, y le contaba cosas de las mujeres que había conocido antes de entrar en el seminario, y de hacer los votos. De su familia y sus estudios. Fraimundo sólo podía hablarle de las tardes contemplando los bosques de su pueblo, de su trabajo en la huerta de su padre, de cómo el Ayuntamiento les expropió las tierras para construir una urbanización y de cómo su padre, viudo desde hacía seis años murió de pena y dejadez.

Cuando le contó a su compañero y amigo lo que había visto la tarde anterior, Fernando pareció mostrarse un poco inquieto. Sin decir nada se dio la vuelta en el catre y se durmió, lo cual le extrañó mucho, dado el carácter afable de Fernando.

En la oscuridad de la celda, y el silencio del convento, Fraimundo podía sentir como se apoderaba de los solitarios pasillos una desazón, una inquietud que los recorría como un viento gélido y descorazonador.

Esa noche Fraimundo soñó con la rosa negra, fue un sueño intranquilo, en el que él se encontraba al borde de un precipicio. A sus pies, un río de oscuridad ocultaba todo a su vista, el fondo del barranco, las paredes de la montaña, incluso el mismo aire. El aroma de la madera quemada atrajo su mirada a sus espaldas, donde la ladera de la montaña, cubierta de árboles ya calcinados, ardía acercando el fuego abrasador cada vez más a donde estaba. El cielo, sin embargo, aparecía azul y sereno, y Fraimundo alargaba los brazos en una desesperada plegaria. Sin embargo, sus pies estaban enredados en un matorral de rosas negras que arañaban sus piernas y le impedían moverse.

Intentó gritar, pero sólo el crepitar del fuego se escuchó, el crepitar del fuego, y un susurro proveniente de la nada oscura que le llamaba a su interior.

***

La mañana siguiente se levantó fresca, y Fraimundo se levantó antes que su compañero.

Salió al patio después de asearse y rezar y dio un paseo por los jardines. La brisa era fresca, sin embargo, en lugar de despertar la vitalidad en los habitantes del monasterio, se dio cuenta de que un mal humor general se había apoderado de todos.

En contraste con la noche anterior, el pesimismo campaba por el lugar, y varios monjes apenas si le dirigieron la palabra.

Más sorprendido se quedó cuando fue a ver la rosa negra, y se dio cuenta de quealrededor de la flor, todas las plantas se habían marchitado. De hecho, parecía que llevaban semanas pudriéndose y secándose, cuando él mismo las había regado la tarde anterior.

Extrañado e inquieto, acudió al refectorio donde se sentó al lado de Fernando. El malestar era evidente, pero no podía achacarse a nada concreto. Cuando le preguntaba a alguien, no sabía explicarle la causa del mismo. Sin embargo estaba ahí. Una sensación de desasosiego, de desesperanza.

Para su sorpresa, cuando se fue a servir la leche a su hermano, un fuerte olor agrio inundó sus fosas nasales. Toda la leche se había cuajado, y los grumos caían en el vaso, rebosándolo.

Un rumor le hizo levantar la cabeza, y cuando miró a su alrededor se dio cuenta de que todas las jarras de leche se habían estropeado al mismo tiempo.

Los más viejos entre ellos hacían la señal de la cruz, otros rezaban aferrados al rosario de sus cruces, y el resto se contemplaban atónitos sin llegar a entender lo que había podido ocurrir.

***

Minutos después, Fraimundo paseaba por el patio de nuevo, y no pudo evitar el dirigirse a su superior para contarle lo que había pasado con las plantas.

Éste, sereno, le tranquilizó, y le dijo que no se preocupase. Recordaba, sin embargo, que una vez alguien le comentó que en el convento hermano de las Carmelitas, que compartía el Cerro con ellos en el otro extremo, alguien había hablado de una rosa negra.

Siguiendo sus recomendaciones, se dirigió a la madre superiora, quien le concedió unos minutos.

Fraimundo apenas podía verla, oculta como estaba por la rejilla de madera que les impedía verse, pero su voz se notaba mayor, serena y firme.

Ambos hablaron de lo que había pasado, y lo que él había presenciado en el jardín. Hablaron también del corte de la leche, y del malestar general, y ella le confirmó que también en el convento había pasado lo mismo.

Justo cuando se iba a ir, la madre superiora le detuvo. Era como si hubiese tomado una decisión que llevase un rato meditando. Las sombras se proyectaban en todas direcciones, y la silla de madera oscura, así como la sobriedad del cuarto le daban un aspecto tétrico.

La Hermana Carmelita le contó una historia que había ocurrido allí mismo. Hacía veinticinco años, una monja de la orden se había suicidado. Sus hermanas la encontraron colgando de una de las ventanas del convento que ocupaba el ala nordeste del cerro, sobre el acantilado. A los pies de su cama, una rosa negra recién cortada encima de la nota de suicidio.

“Termino bajo el manto de la noche con la pesadilla en que mi vida se ha convertido, pues sólo así salvaré mi alma y la de los míos. Dios me perdone”

Para nadie en el convento tenía el más mínimo sentido, pues el suicidio era, a ojos de todos, motivo de condenación eterna y la Hermana Saura lo sabía.

***

A la mañana siguiente Fraimundo pidió que le relevasen de sus servicios diarios no indispensables, pues quería acudir a la Biblioteca para averiguar cuanto pudiese del accidente de la Hermana Saura y de la rosa Negra.

La Biblioteca era hermosa, había sido restaurada hacía diez años, y ahora, abierta al público, sustres plantas principales, construidas en piedra y madera bullían de vida.

Menos transitada estaba la entreplanta reservada a los docentes de la universidad e investigadores. Él, como miembro del monasterio, tenía acceso a cualquier punto de la biblioteca.

La entreplanta que albergaba las tres salas dedicadas a los libros más raros e importantes era similar a las de las otras plantas. Suelo, techo y paredes cubiertas de madera, con ventanas sencillas cubiertas de rejas, herencia del pasado carcelario del edificio. La luz era, sin embargo, menos fuerte, y el ambiente más silencioso. Como si llamase a la meditación.

A Fraimundo le gustaba esta parte de la biblioteca. Desde luego, mucho más que las otras dos plantas que conformaban el edificio de cinco plantas. Arriba, en la buhardilla, se ocultaban los libros de ocultismo, los libros dedicados al diablo y a las ciencias ocultas, a los espíritus y leyendas. Por expreso deseo del Obispo de Getafe, recientemente fallecido, en esa planta habían sido confinados para que nadie pudiese acceder a ellos. En el sótano en cambio, un sitio repleto de pasillos, galerías y salas minúsculas que fueron las cámaras de tortura y aislamiento de la antigua cárcel, se almacenaban, apilados unos encima de otros, los libros olvidados, los que nadie leía ya. Esa parte de la Biblioteca, no sabía por qué, también le daba escalofríos.

Tal vez fuesen los susurros de los libros, que en el silencio casi podría decirse que se escuchaban. Pidiendo auxilio, solicitando desesperados unas manos diestras que volviesen a pasar sus páginas olvidadas llenas de polvo, unos ojos inteligentes que reconociesen la belleza y el saber que ocultaban sus tapas.

Tres horas le llevó localizar alguna referencia a lo que había pasado la noche anterior. No encontró nada que hablase sobre la hermana Saura, pero sí que vio un libro de silvicultura que hablaba de varios tipos de rosas. De pasada, mencionaba una extraña variedad negra, pero al contemplar el dibujo vio que no se trataba de la que había florecido en el jardín del claustro. Estas rosas negras, de pétalos color negro apagado, salían de un rosal como las demás variedades de su especie, no directamente del suelo, en un único y altivo tallo.

No pudo encontrar más referencias a rosas negras ni al incidente de hacía veinticinco años, ni siquiera en los periódicos de la época. Cansado salió a tomar el aire y sin darse cuenta, encaminó sus pasos hacia el jardín del claustro.

Cuando llegó al lugar donde había contemplado la maravilla oscura, pudo darse cuenta de que nadie más había reparado en su presencia entre esas paredes, y que la rosa negra seguía allí, esperando.

Tomó entonces Fraimundo la decisión de cortarla. Debía reconocer que la historia de la hermana Saura el había dejado un poco intranquilo, y que ahora, cada vez que mirabala hermosa rosa, sentía una desazón interior como no había sentido nunca.

Delicadamente, con sus tijeras, cortó el tallo en diagonal, y lo envolvió en un paño húmedo. Se dirigió entonces a la Iglesia principal del Cerro de los Ángeles, situada bajo los pies de la enorme estatua Cristo que dominaba con su mirada toda la meseta sobre la que se elevaba el Cerro.

Pensaba ofrecerle la rosa a la Virgen de los Ángeles, pero cuando llegó a la iglesia, cuyos pasillos estaban iluminados por una miríada de velas y cirios, y abrió el paño para depositar su contenido a los pies del manto de la Virgen, pudo comprobar que la rosa yacía marchita, sus pétalos desgajados y grises, y de su tallo salía una sabia roja que le daba el aspecto de la sangre.

Saliendo desesperado, Fraimundo arrojó el paño manchado de rojo y cenizas a una papelera cercana del enorme patio central. El viento había arreciado, y un frío mortal se había asentado esa misma mañana en toda la zona, trayendo incuso una feroz nevada a pesar de encontrarse en pleno mes de abril. Los cielos grises pudieron contemplar la pequeña figura de un hombre con hábito gris corriendo de un extremo a otro de la plaza para refugiarse en las paredes del monasterio.

Al llegar de nuevo al claustro, cogió sus tijeras y se dispuso a sumergirse en su trabajo diario con el fin de olvidar tan siniestro y extraño acontecimiento. Si alguien hubiese podido ver su cara se hubiese asustado, pues allí, en el mismo sitio donde había dejado el tallo cortado hacía unos minutos, estaba de nuevo la rosa negra.

***

Fraimundo abrió los ojos al oír un ruido en su celda. Era tarde, las tres de la mañana, y al abrir los párpados pudo ver a Fernando en pie en el centro de la habitación mirándole con los ojos completamente abiertos.

Sin pronunciar palabra, levantó su mano, y en ella, firmemente aferrada por el tallo, estaba la rosa negra. De ella, goteando hasta el suelo, un reguero de gotas de sangre manchaba aquí y allí donde caía.

Fraimundo despertó empapado en un sudor frío que le calaba hasta la ropa. Los pasillos del monasterio estaban en silencio, recorridos nada más por el gélido viento frío.

***

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Tres veces más intentó cortarla Fraimundo, y tres veces más la rosa volvía a estar en su lugar cuando él volvía allí. Al principio, creyó que podía tratarse de una broma pesada de Fernando, o de los demás hermanos, pero la tierra no había sido removida, y las raíces de la flor estaban firmemente arraigadas. Tanto, que a Fraimundo le costaba arrancarlas cada vez que quería terminar con la fuente de su inquietud.

Cual no sería su horror, la primera vez que las extrajo, cuando vio que las raíces poseían una tonalidad roja, y que al ser arrancadas goteaban el mismo licor carmesí que ahora manchaba sus manos.

Las noches comenzaron a hacerse insoportables, no sólo para él. Toda la comunidad religiosa sentía el desasosiego cuyo origen sólo él presentía. Los pasillos se quedaban vacíos cada día, a pesar de que todavía había claridad en el exterior, y los hermanos se refugiaban en sus celdas y en la Biblia sin saber el motivo.

Esa noche, Fraimundo salió al claustro de nuevo, dispuesto a repetir lo que ya iba convirtiéndose en una siniestra costumbre. No se sorprendió de ver de nuevo la rosa negra en su lugar, ni de que ésta hubiese resistido el frío de la tarde, un frío casi podría decirse que sobre natural.

Ahora, las nubes grises tapaban casi por completo la luz de la luna llena, y sólo se podía ver, a través de ellas, el halo majestuoso del astro nocturno.

Sin decir nada, volvió a arrancar la rosa de raíz, envolviendo sus raíces y su tallo en un paño. Después rellenó el agujero con los productos químicos que traía, y roció de agua salada todo alrededor con la vana esperanza de que la mañana siguiente no le trajese de nuevo la siniestra presencia profética de la rosa negra.

Tras quemar el paño con la rosa negra salió hacia el patio dirigiendo su destino hacia la Biblioteca.

Fraimundo se había hecho amigo de un novicio que servía de asistente al director del monasterio. El único que tenía copia de la llave de la buhardilla de la Biblioteca. Éste le había hecho una copia de la llave, y ahora esperaba con todas sus fuerzas encontrar solución al enigma.

La Biblioteca estaba en silencio. Sólo el crujido de sus pasos sobre la envejecida madera delataba la presencia de alguien. Subió con el candil en la mano los tres pisos de las salas comunes, y llegó a la puerta de madera que cerraba el acceso a la parte oculta de la biblioteca.

Con cuidado, introdujo la llave en la cerradura de metal oxidado, mientras la amarillenta luz de a lámpara danzaba escaleras abajo, proyectando su sombra alargada sobre los peldaños de madera.

Abajo, todo estaba oscuro, y Fraimundo casi pudo jurar que sentía una presencia que lo miraba callada desde la oscuridad de debajo de la escalera, donde la luz del candil no llegaba.

Apresurándose, giró la llave, que para susto suyo se resistió un poco al principio por la falta de uso. Rápidamente, abrió la puerta y la cerró tras él, imaginándose sin duda que la presencia pretendía alcanzarle entes de que la cerrase.

Sin embargo, la hoja de la puerta se cerró sin problemas, y Fraimundo corrió el cerrojo para que nadie le molestase. Alzó el candil para ver donde se encontraba, y contempló las estanterías repletas de libros que el Obispo había ocultado o querido ocultar.

En el centro de la sala, un par de mesas dispuestas una frente a otra y cuatro o cinco sillas, esperaban llenas de polvo.

A su alrededor, las estanterías formaban un círculo que las envolvía, y Fraimundo podía imaginarse todos esos libros de ocultismo y brujería, que el Alcalde de Getafe había prohibido que fuesen destruidos como era la intención inicial del Obispo, observando y llamando a quienes en las sillas se encontraban.

Con un suspiro, Fraimundo puso coto a su imaginación, y se dedicó a la tarea que había venido a realizar. Ojeó el diario de archivos, donde se encontraba la bibliografía de todo lo que en esa sala se ocultaba.

La luz del candil no duraría toda la noche, y en esa sala no había luz eléctrica, así que se apresuró mientras el viento azotaba las contraventanas de madera y se filtraba por el tejado de tejo haciendo vacilar la luz de las llamas, y dándole a la habitación un aspecto helado, y nada acogedor.

El aliento de Fraimundo, condensado por el frío reinante, se alargaba sobre las tapas de los libros que hojeaba. Al fin, entre tratados sobre el diablo y los espíritus, Fraimundo encontró un texto medieval. Sus apergaminadas hojas crujieron al ser pasadas tras tantas décadas cerradas. El libro se llamaba, Historia negra de Getafe.

Al parecer, por lo que pudo leer Fraimundo del texto en latín, Xatafi, como se llamaba entonces la aldea que se convertiría en la ciudad de Getafe, era un asentamiento en el que musulmanes, judíos y cristianos convivían. El cerro era un centro de estudio, y textos en latín, griego, castellano antiguo, árabe y otros idiomas eran traducidos y enviados a Toledo, y otros lugares del mundo.

Sobre el antiguo asentamiento romano, encima de sus catacumbas, se edificaron monasterios, mequitas y otros edificios, que las guerras destruirían y renovarían con el paso del tiempo.

Uno de los libros que se habían escrito en esa época era éste, un compendio de leyendas medievales.

Entre ellas, una llamada La Maldición de la Rosa Negra hablaba de cómo allá por el 1405 todos habitantes de un convento habían sido asesinados por lo que se suponía que era una partida de guerra escapada de uno de los reinos de taifas.

La partida de guerra fue capturada semanas más tarde al sur, y aunque ellos lo negaron todo, fueron ajusticiados por sus crímenes.

A lo que nadie pudo dar explicación es a la forma en la que murieron todos los habitantes del convento, ningún signo de violencia en sus cuerpos, y a sus pies, una rosa negra en cada uno de los catres donde habían sido encontrados los cuerpos.

Al llegar al final de relato, Fraimundo reparó en una entrada escrita a mano en los bordes del libro. Al parecer era una advertencia para quien lo leyese.

“Volverá a ocurrir” y la firma, a pesar del tiempo, podía reconocerse como la de la Hermana Saura.

***

Las horas pasaron, y el candil iba perdiendo el combustible que le quedaba. El frío iba calando en sus huesos, hasta el punto de que Fraimundo ya comenzaba a sentir escalofríos. El sonido del viento golpeando las contraventanas tampoco ayudaba en lo más mínimo a serenar sus ánimos.

Otras referencias al diablo y a hechos sobrenaturales no le dieron ninguna pista del origen de la Rosa Negra ni de los hechos referentes a la Hermana Saura.

Sin embargo, sí encontró una entrada en un texto, escrita a mano por lo que parecía la letra de un hombre, que hacía hincapié en un cubículo oculto tras una estantería. Más picado por la curiosidad que por poder descubrir algo, Fraimundo corrió lo más silenciosamente que pudo la estantería cargada de libros y dejó al descubierto un mapa antiguo de Xatafi de aspecto medieval.

Tras él, un hueco en la pared ocultaba varios pergaminos y misivas de los monjes y hermanas del Cerro. Algunos libros compartían el oscuro espacio con ellos, ero la mayor sorpresa fue encontrar una carta de la hermana Saura enviada al prior de la orden.

En ella decía que había descubierto una extraña rosa negra que, leyendo algunos textos antiguos, parecía estar relacionada con asesinatos y hechos misteriosos durante varios períodos a lo largo de la historia del Cerro de los Ángeles.

Detrás de esta carta, unidas por un clip, había otra de respuesta del prior que decía que semejante muestra de temor sobrenatural y antirreligioso no debía repetirse, y la reprendía por dejarse llevar por miedos impuros.

Por último, también dentro del paquete, había una segunda carta de la Hermana Saura. El texto que en ella había escrito le puso los pelos de punta.

“He seguido investigando. A quien lea esto, espero que le sirva de justificación por lo que voy a hacer, aunque ahora mismo sólo espero poder librar a mis hermanas del fin que el destino les ha impuesto.

No he podido encontrar referencias al Diablo en ninguno de los textos que he consultado, sólo a poderes que van más allá de lo humano, lo divino o lo demoníaco. La oscuridad misma parece haber puesto un pie aquí, y cada cierto tiempo, reclama el precio del peaje que todos pagamos en la vida.

Creo que todos hemos perdido ya nuestra alma, y la única forma de que mis hermanas la recuperen es que yo entregue mi vida por ellas. La primera persona que la vio.

Maldigo con fuerza y con fe en el Señor la Rosa Negra, y sé que me espera sólo la negrura y el vacío peores que el Infierno. Pero me entrego gustosa a los poderes oscuros para rechazar el destino deparado a mis hermanas y los únicos seres cercanos.

El Señor nos guarde a todos, y a mí en mi viaje.”

Fraimundo guardó la carta en su sitio, y volvió a dejarlo todo en su lugar. Lo único que hizo fue escribir una pequeña reseña detrás de la carta de la Hermana Saura.

“Todo es verdad, lo sé, y tú también lo sabes si estás leyendo esto. Ahora voy a cumplir con mi destino. Espero que tengas valor para hacerlo tú también, pues el precio es el alma de todos tus seres queridos.

El Hermano Fraimundo de Ugena”

***

 

Esa misma mañana, Fernando acudió a su celda después de la misa de maitines, corriendo para darle la noticia aamigo de que la Rosa Negra había desaparecido. Al entrar abrió de un portazo la puerta y encontró el cuerpo de Fraimundo tendido en su catre. En su mano, un frasco de somníferos vacío.

A sus pies, contempló con horror una rosa negra, iluminada por un rayo de sol que entraba por la pequeña ventana de la habitación.

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16 comentarios

  1. es extrño lo me pasa con esta lectura siemprque e me llame rosa negra said,

    algo extrño pasa en mi vida he amado por siempre la rosa negra, no he tenido la felicidad ni el placer de conocerla.y siempre he dicho que el dia que alguien me la regale vivire con esa persona hasta el dia que muera.siempre he estare esperando ya cumpli 39 años y no la conosco

  2. Jacky said,

    La verdad a mi me encantan las rosas negras pero esta historia me dejo con los pelos de punta pero yo creo que el significado de la rosa no tiene que ser ese para mi la rosa negra es el amor, es la vida misma esel yin yan de nuestros corazones
    nuestra parte oscura o de luz de nuestras almas.

  3. mapacharevolution mistic said,

    bueno, en verdad ya me regalaron una rosa negra en un frasco…no se que signifique pero se que hay dos posibilidades
    amor sin fin
    muerte eterna
    que sera???

  4. cinthia nayeli said,

    ps en lo especial me facinan las rosas negra y ps para mi signican el lado obscuro de las cosas es algo asi como misterioso algo que tenga un poco de compañia de la soledad es algo raro y extraudinario
    pero
    ps ultimamente e estaba buscando diferentes puntos
    de vista sobre las rosas negras y la mayoria decie que significa desamor y tristeza yo no lo creo asi pero ps nimodo no importa mientras tenga en mente mi punto de vista todo esta bien jejee

  5. GABRIELA MEYMAR said,

    bueno jamas e visto una rosa negra ni siquiera sabia que existían pero si es que existen creo que solo es una flor mas de la naturaleza no creo que tenga algún significado.

    pero esta historia me encanto me gusto mucho por que habla de el amor que se le puede llegar a tener a las personas con las que estas, las amas tanto que hasta das la vida por ellos que bonito no

  6. Mester Gonzalo said,

    La Rosa Negra es la sabiduría, el conocimiento. Quien la obtiene posee la sabiduría. En cada camino hayarás una flor; dichoso quien lo entiende.

  7. maby said,

    Nunca ví una rosa negra, no creo que exista. La historia buenísima, porque me gusta el misterio y el terror en las novelas y libros.

  8. Sami said,

    Hola!!!!
    Me paresio sumamente interesante y compenetrante la historia de esta bellisima flor.
    Yo comparto con quienes dicen que la rosa negra significa AMOR ETERNO y QUE DAS TODO POR LAS PERSONAS QUE AMAS.Tambien que es la DESGRACIA,MUERTE…

  9. Maga said,

    Soñé que le daba a alguien una rosa negra… y que yo estaba contenta tonz no creo que eso signifique algo malo…

  10. oskar said,

    a mi me parecio q la rosa negra es tan solo una forma mas de desir a la gente q estaremos con ella siempre , solo q aveses se le dan otro tipo de significado , depende todo esta en uno mismo , como ya he dicho me encantaria tener la oportunidad de ver alguna ves esta flor , seria interesante pero en fin me gusto la historia es muy atrapante
    y mas el final q deja como una reseña la cual es : q estarias dispuesto a hacer por tus seres keridos ? ;-) la verdad muy buena

  11. daiana ayala said,

    siempre quise conocer la rosa negra y temgo la ezperanza q algun dia la voy a conocer…tengo 14 años y tengo mucho pir delante

  12. launis said,

    soñe con rosas negras que estaba rodeada de ellas y alo lejos veia a alguien que aprecio mucho el cual me decia que aun no era el tiempo de cortarlas y yo le dije pero para que siembran rosas de ese color aunque se ven bellas pero no me gusta el color y él me respondio este color no es malo solo debes esperar y ellas cambiaran de color de negro a moradas y aunque espere verlas cambiar de color no cambiaban y una voz me dijo que no me desesperaba que todo tenia su tiempo.

  13. Mijael ( R - NIX ) said,

    hola………..
    bueno no he tenido la oportunidad de conocer rosas negras aun pero espero ver alguna algun dia, creo que son realmente bonitas y en opinion propia creo que las rosas negras son muy fuertes y dominantes ya que hay pocas personas en la vida que llegan a ver una y realmente son muy afortrunados por ello.
    con relacion al relato me dio gran imprecion leer que una rosa tenga liquido rojo, pero fue una bonita lectura ya que se ve que hay personas que dan la vida por aquellos aquienes mas quieren en esta vida.
    nos vemos en otro momento ok…………………

  14. fawis said,

    para mi significa, quiza de un modo estraño la transparencia de las almas; la sobriedad del deseo, en simpleza la esencia plena del amor, el simbolo de la complejidad del poder amar, rodeado de dulzura, belleza, tristeza quiza, dificultad y dolor pues cada espina será como la prueba a superar hasta alcanzar la plenitud y delicia del saber amar…

  15. rosario said,

    la verdad a mi me encanta las rosas negrass y tal ves igual ke muchoss no he tenido el placer de tener una en mis manos pero no pierdo las esperanzasss… la verdad la historia me dio un pokito de miedo.. pero comprendo ke las rosas negras son especiales como las personas ke konocen su significado y le dan su propio apresio… es un arte… para mi significan la fortaleza con la ke enfrentas los obstaculos de la vida… el amor por las personas … en lo personal me considero como una rod
    sa negra por ser distinta a las demas rosas… por ke es muy dicil de encontrar y por ke son marginadas por la sociedad por el color de su piel..tambn significa muerte y sabiiduria..por siempre.

  16. GERARD said,

    YO PIENZO Q LAS ROSAS NEGRAS TIENEN MUCHOS SIGNIFICADOS ES AMOR Y DULSURA Y Q SIEMPRES ESTAS DISPUESTO A DAR TODO POR TUS SERES KERIDOS ASTA LAVIDA SIES NESESARIO. SIGNIFICA TRISTESA EL LADO OBSCURO DE LA VIDA AL IGUAL Q LA MUERTE SIEMPRE LA ANDAMOS CARGANDO. LO MAS IMPORTAANTE DE TODO ES EL SIGNIFICADO Q TU LE DES. PERO ELLA TE RECORDARA TODO…… AMOR..VIDA….COMPRESION…SABIDURIA…..Y HASTA LA MUERTE…. CAMINO Q TODOS TENEMOS MARCADO….

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