Prólogo

Julio 11, 2007 at 2:45 pm (Sueños)

Prólogo

 

Arturo investigaba en la extraña biblioteca. La gente del lugar le había guiado durante su investigación periodística a este lugar.

Estaba realizando una investigación seria sobre un conjunto de hechos extraños que habían tenido lugar en el Cerro de los Ángeles en el último siglo. Cosas inexplicables.

Le había llamado la atención sobre el mismo una carta que le llegó de un amigo de la infancia. Esa nota le había puesto sobre aviso, y había convencido a su editor para hacer un reportaje sobre la zona.

El Cerro era un conjunto monumental erigido en lo alto de una colina que dominaba toda la meseta y rodeados de bosques y brumas. La tradición decía que era el centro geográfico de España, y su historia había sido interesante e intensa. Había albergado una prisión, una biblioteca musulmana, varios templos, una aldea romana y muchos edificios que ahora eran pasto del olvido.

Su estructura actual se componía de dos grandes conjuntos de edificios, algunos de ellos al borde del acantilado este, la parte más escarpada. Cada conjunto albergaba una orden religiosa. Uno, un convento carmelita, el otro, un monasterio franciscano. Extrañamente la iglesia principal era mantenida por un Jesuita y sus ayudantes y sobre ella se erigía una estatua de Cristo que se podía ver desde toda la comarca.

En realidad todo el cerro dominaba la región, y desde las calles de las principales ciudades y pueblos que lo rodeaban su silueta se podía ver tanto de día, como las noches de luna con sus luces iluminando los campanarios y las habitaciones de los religiosos.

Otros edificios menores compartían el lugar con las dos órdenes y la iglesia nueva. Una iglesia más antigua, con un esbelto campanario que repicaba los días festivos, una biblioteca, un pequeño cementerio para los religiosos. En definitiva, un cúmulo de estructuras de mayor o menor antigüedad que le daban un aspecto pintoresco, ecléctico.

El cerro era fuente de leyendas, de rumores, de fiestas. Era el epicentro de numerosos festejos que se celebraban en la localidad vecina de Getafe durante todo el año, y sus procesiones nocturnas eran famosas en el lugar.

Ahora, Arturo estaba en la biblioteca del Cerro, donde se suponía que se guardaba una relación de todos los hechos acaecidos, e incluso, copia de las investigaciones que la policía había archivado.

Sin embargo, en sus investigaciones, siempre se topaba con la misma barrera. A pesar de que la información al alcance del público era variada y rica, los textos siempre hacían referencia a otros, en apariencia mucho más prometedores.

Por alguna circunstancia esos textos estaban guardados bajo llave en una sala a la que sólo podían acceder los miembros de las dos órdenes religiosas que habitaban y mantenían el Cerro.

Era verdaderamente frustrante, se dijo.

En su mente comenzaba a trazarse un plan, que en los próximos meses daría sus frutos. Dejó el libro que estaba ojeando en la mesa y salió corriendo. Tenía que hacer un par de llamadas.

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